sábado, 26 de diciembre de 2009

La insolencia de los girasoles.


La insolencia de los girasoles.
Lentamente, muy lentamente, tan despacio que no parezca intencionado, despoja este momento de los anhelos que sustentan tu cuerpo por las noches, este, es uno de esos momentos en que no distingues esperanza de terquedad, y sin embargo cruzas los brazos, nada mas lejos…ya que sabes lo que guardan sus cerrojos.
Suavemente, notarás como en tu espalda se derrite la escarcha, el frío tiene miedo, ya no quedan rincones para donde barrer sus astillas y su triste alarido empaña el aire como el puño vengativo y arrugado del que se tiene por vencido.
Eleva tu cabeza, sepárala tan poco a poco de tu cuello, que no lleguen a echarse en falta, el Sol conquista tus hombros y el calor te pide que te des la vuelta.
Valiente…la rabia ha clavado dos puntales impidiendo el movimiento, la ira empaña todo atisbo de razonamiento, y de final feliz, he consentido lo que mucho tiempo llevaba gestándose en mi frágil cuerpo, y el viento hizo llegar mi mensaje a todos mis sometidos semejantes, las sombras alargadas y silenciosas que a mi alrededor, aprietan silenciosos los tallos, y se hacen eco de mi rebeldía.
El sol ya no consigue sorprendernos y para ser sinceros…no quiero mas amaneceres pactados.
A mis pies, algo crece…es la primera vez que veo mi sombra, la primera señal de la traición, la rúbrica amarga de la insolencia, y a mi alrededor…
Todos los girasoles de espaldas…