Me escondo y lo sabes, he intentado engañarte con cada metáfora de mis versos, con cada uno de mis sarcasmos lo he intentado, y siempre acabas encontrándome, ya no se cuantos sinónimos de escapar me han utilizado…
Somos los dos cantos de la misma moneda, tantas veces te he tirado al aire esperando no encontrarte…y siempre que mi mano vuelve involuntariamente a mi bolsillo, estas otra vez ahí, retándome y a la vez arrastrando mi ánimo de olvidarte por el mismo suelo que decidiste no pisar.
Haces lo que te da la gana, vienes y vas, recorres el filo de mis sentimientos como los gatos recorren los tejados, siempre por la noche, y como si fueran tuyos.
Sabes que este texto vuelve a ser mi exilio, mi puerta con cerrojo. Se que si giro la cabeza estarás apoyado en la pared, con los brazos cruzados, mirando al suelo con tus ojos negros.
Se que vas a volver, porque cada vez que me prometo que no volveré a huir…se me cruzan los dedos en la espalda. También se que mientras me queden analogías donde esconderme nunca seremos la misma persona.
Algún día conseguiré encerrarte en una cárcel de pronombres, con barrotes de miles de adjetivos, con versos como celadores, rimas como ventanas que arrojen algo de luz a tu triste vida. Y seré yo el que vaya a visitarte por las noches, con la pluma como única llave de una celda que solamente yo podré abrir, y reflejado en cada gota de tinta que moje mi papel, sabrán que atrapado detrás… estarás tu.
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